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Bienvenidos a Cibercuentos
Hola a todos, esta web surge como un proyecto con el fin de que sirva de fuente de recursos tanto a niños como a padres y educadores.
Aquí se puede encontrar una amplia base de cuentos infantiles para niños, también podéis mandarme los cuentos que escribáis y en un breve plazo de tiempo os los publicaré en la web.
También encontraremos otros importantes recursos como laminas y dibujos para colorear y pintar de vuestros personajes favoritos. Ya sabéis que los colores son los que nos hacen percibir la vida de color de rosa.
Y poco a poco, siempre que el tiempo nos lo vaya permitiendo, iremos creando nuevas secciones sobre muchas cosas más como papiroflexia, minijuegos, globoflexia, etc.
Si nos quieres mandar alguna sugerencia escríbenos a webmaster@cibercuentos.org o entra en el foro y dínoslo. |
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domingo, 27 de abril de 2008 |
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No hace tanto tiempo, en lugar no muy lejano del que estamos en la actualidad, estaba bien visto cazar dragones; se suponía que los dragones eran malos y por ese motivo había que matarlos, ya que algunos se comían las vacas y las ovejas e incendiaban las casas de los campesinos con su aliento de fuego. Por ese motivo, llegaban muchos caballeros desde todos los confines de la tierra, con el objetivo de cazar a los dragones y encarcelarlos por sus fechorías. Estos caballeros querían conseguir fama y prestigio con la captura de un gran dragón con el riesgo de morir en el intento. Había muchos caballeros valientes, pero el caballero Angelote no era de esos; su madre le había mandado a cazar un dragón para poder presumir de hijo ante sus vecinas. Angelote era un caballero bastante escuchimizado y cobarde; imaginaros lo cobarde que era, que no se atrevía a abrir un yogur por miedo a que tuviera moho. El caballero Angelote partió en busca de su dragón, al despedirse de su madre tenía puesta la armadura, y del miedo que tenía podía oírsele desde kilómetros a la redonda. Cabalgó muchas lunas y muchos soles nuestro caballero Angelote, hasta que un buen día o un mal día, de momento no se sabe, encontró una cueva (que es el sitio donde suelen dormir los dragones). Olía fatal, pero Angelote no lo notaba porque tenía un resfriado por la lluvia de la noche anterior. Entró sigilosamente pero temblando (si hubiese algún dragón, por sordo que estuviese, se tendría que haber despertado). Oyó unos ronquidos, y dando la vuelta a una columna se encontró de sopetón ante el dragón Kauldrón (había un letrero en el que ponía “Dragón Kauldrón, no despertar”). Era un dragón inmenso, de color rojo intenso, con alas y pinta de tener malas pulgas (también rojas y con alas). Angelote, al verlo, se desmayó del susto. Cuando se despertó, Kauldrón también había despertado, por lo que el susto fue doble: se asustaron los dos. Angelote se envalentonó y esgrimió su espada ante Kauldrón, pero la espada pesaba mucho y apenas podía levantarla medio palmo del suelo; Kauldrón se puso en guardia y cogió aire para fulminar con su aliento Angelote; y lo fulminó pero de lo mal que olía. Ante ese insoportable olor, lo único que pudo hacer Angelote es darle a Kauldrón unos caramelos de menta que le había dado su madre; Kauldrón se zampó todos, y en agradecimiento explicó a Angelote que todos los dragones no eran malos y que la gente no se acercaba a la cueva porque olía muy mal (muchos caballeros se habían desmayado antes de entrar). Kauldrón ofreció a Angelote su cueva para que le protegiese de otros caballeros, ya que ahora tenía un aliento mentolado, y los caballeros sin duda acudirían a cazarle. Angelote accedió ya que no quería volver con su madre y con sus vecinas las “verduleras”. Y fueron felices y comieron caramelos de menta y alguna vez de clorofila.
De nuestra compañera Alberto.
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domingo, 27 de abril de 2008 |
Había una vez un niño que vivía en una casita en la montaña con sus padres, su casita estaba bastante alejada del pueblo, vivían allí por que todo el mundo se reía del niño y los padres decidieron irse lejos del pueblo para que nadie se reirá de él. El motivo por el que todos los demás se reían era por el aspecto que tenía el niño, pues se trataba de un niño con las cejas muy juntas y mucho pelo, la nariz muy larga y con unos dientes muy grandes que no le dejaban cerrar la boca. Cuando los demás le veían se dedicaban a insultarle y reírse de él llamándole "Tonto". Sin embargo, él no era tonto, era muy inteligente y de buen corazón, le gustaban mucho los animales y siempre andaba por el bosque observándoles y cuidando de aquellos que estuvieran heridos. También le gustaba mucho leer, se pasaba casi todo el día leyendo libros. Un día sus papas le regalaron un libro que se titulaba " La vida en el Circo", en este libro se contaban las aventuras que vivían los Trapecistas, los Payasos, los Domadores... Y Bruno que así se llamaba quedo fascinado, le gusto tanto que se pasaba el día soñando con la vida del circo, imaginando como vivirían sus habitantes, sobre todo como sería la vida de un Domador de Circo. Le gustaba tanto la idea de ser Domador que decidió ir practicando y con la ayuda de sus perritos, comenzó a trabajar. Paso el tiempo, y de pronto un día algo sorprendente ocurrió. Bruno estaba jugando con sus perritos cuando llego su papá y muy contento le dijo: " Te traigo una buena noticia, algo que se que te gustará mucho, ha llegado al pueblo un CIRCO. Bruno no se lo podía creer, porque a aquel pueblo nunca había ido un circo, se puso a saltar de alegría, pero de pronto se quedo muy triste, porque sabía que se bajaba al pueblo todos se iban a reír de él. Sin embargo tantas eran sus ganas de ver el circo que decidió que sería valiente y que aunque se reirán de él, no les iba a hacer caso. Así que al día siguiente bajo al pueblo con sus papas y con gran entusiasmo observó como empezaba la función. Bruno, casi no respiraba de la emoción, los Trapecistas volaban en lo alto, de pronto parecía que se iban a caer, pero enseguida volvían a subir otra vez hasta lo más alto y todos aplaudían contentos de que no les hubiera pasado nada, los Malabaristas hacían unas piruetas increíbles y los Payasos eran estupendos y muy graciosos, todo el mundo se reía con ellos. La función iba a terminar y Bruno se dio cuanta de que en aquel circo no había Domador, entonces en un ataque de valentía salto al centro de la pista y la pidió al director del Circo que le dejara actuar a él como domador. El director que era un hombre muy bueno, le dejo. Bruno llamo a sus perritos y estos enseguida corrieron a su lado, la gente estaba muy sorprendida y todos empezaron a reírse diciendo: " Pero que hace, si es el tonto que vive en la montaña". Bruno decidió no hacer caso y seguir adelante con su número. La música empezó a tocar y Bruno comenzó a dirigir a sus perritos, los perritos a las ordenes de Bruno saltaban, daban vueltas y pasaban por un aro. Toda la gente que esta viéndole, se quedaron con la boca abierta y se dieron cuenta de que era un gran chico y todos se sintieron culpables por haberle tratado tan mal. Cuando termino de actuar todos se pusieron de pie aplaudiendo y gritando: " BRAVO, BRAVO!!!!". Sus papas muy contentos corrieron a abrazarle. En aquel pueblo desde entonces nunca más se volvió a discriminar a nadie, ni a reírse de alguien porque fuera diferente, la gente del pueblo se dio cuenta de que todos somos especiales y diferentes y que debemos acertar a todos las personas. Bruno y su familia se quedaron a vivir en el pueblo, donde todos los querían y donde Bruno hizo un montón de amigos. Pasados unos años, pudo ver su sueño hecho realidad, comenzó a trabajar en un circo como Domador y se hizo muy famoso.
FIN
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domingo, 27 de abril de 2008 |
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Érase un día un rey muy malo. El rey era tan malo que ese mismo día vino un duende y le dijo: "Si sigues tan malo yo mismo te haré un burro". El rey se puso nervioso, se lo dijo a su mujer y a su hija. Al otro día vino otra vez el duende y un amigo suyo y también con un montón de seres malos. La familia estaba muy nerviosa tan nerviosa que un poco mas y se desmayan. El rey era todavía mas malo de lo que era. Y el solo cambió de repente, y entonces ya era bueno con todos.
FIN De nuestra compañera Lucia.
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