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A veces la amistad es suficiente

De pronto enfermaste y no supe porque. Yo era tu protector y falle. Desde el principio debí protegerte y no se como esto empezó. Desde que naciste estuve a tu lado. En las buenas y las malas te acompañe, aunque nunca lo supiste. Aunque a veces creo que lo sospechaste y que de alguna manera te enteraste. Ahora yaces en cama, enferma. Sintiendo tu vida escapar de tu ser. Los médicos no saben que tienes. Yo tampoco y por eso mi desesperación. La luz de tu vida se apaga. Tus fuerzas parecen escapar de tí. Te han hecho estudios de todo y nadie explica ni dice lo que quiero saber. ¿Qué tienes? ¿Y si vas a estar bien?

He hecho todo lo que puedo, todo lo que esta a mi alcance. Tome mi poder y esperanza y la transforme en fuerza y te la di. La fuerza que te di escapo y se esfumo, tu cuerpo no la retuvo. Es como si tu misma la hubieras rechazado. Brille y con mi luz tu cuerpo bañe. Con luz y esperanza te envolví, para devolverle la chispa a tu vida. Pero aunque brille y brille durante días, no restaure tu luz. Fue como si me hubieras ignorado todo ese tiempo y mi luz nunca te hubiera alcanzado.

«¿Acaso no hay cura? »

Y fue entonces cuando rece. Rece como hacías tu hace tiempo. Antes de enfermar. Puse mis rezos y deseos, las bañe con luz, esperanza y fe y las lance al cielo en forma de estrella. Ve, ve mi dulce estrella ve y llega a tu destino y tu camino no pierdas, dije. Y mi estrella se marcho y ascendió a los cielos.

Esa noche como todas desde que enfermaste estuve a tu lado. Y la respuesta llego. En forma de una blanca y radiante paloma. Tan radiante que parecía hecha de luz. Y ella me dio la respuesta y por fin comprendí que pasaba. La había protegido del mal, pero no de todo los males. Sin haberme dado cuenta deje que tu misma te dejaras morir. Estabas triste y me fije, más tu llanto no escuche y por lo tanto sola te deje. Y la paloma me lo dijo y yo le pregunte: ¿Qué puedo hacer?

Y ella me dijo: ¿A veces con la amistad es suficiente? y se marcho a lo cielos. Al ver al espíritu que purifica el alma comprendí. Siempre fui tu protector más nunca fui tu amigo. Nunca te di la compañía que necesitabas después de que tu madre murió en un accidente, lejos de mi protección ya que mi deber era estar contigo. Su ángel no la protegió, tal vez, porque sabia que era su momento. Y después tu padre no se pudo ocupar de ti. No supo como ser padre y madre al mismo tiempo y con los recursos que contaba te dio una niñera. Una niñera a la que nunca le importaste y aun ahora no tiene tiempo ni cariño para ti. Tu padre y tu niñera te dieron seguridad pero nunca más el amor, el cariño y el tiempo suficiente para ti.

Y yo con sólo dedicarme a protegerte nunca cumplí enteramente con mi misión. Me acerque, me arrodille ante ti. Vi tu tierno rostro. Dulce niña de 6 años. Bella dulzura que enterneces mi corazón. Y con lagrimas en mis ojos, te bese en la mejilla y te pedí perdón. Y luego dije. «¡Quiero ser tu amigo!»

Y te abrace y con mis alas te cubrí y así estuve sin dejarte un sólo momento. De pronto lo pude sentir. Y también lo vi. Tus ojos abriste y sonreíste. Y sentí crecer algo en mi. Y la luz de tu alma y la mía volvieron a brillar. Y tu me preguntaste: «¿Quién eres? Y yo te dije: «Un amigo y nunca te abandonare» y con lagrimas de alegría en mis ojos y una sonrisa en tu cara y beso en la mejilla te di. Y de pronto sabía que estarías bien y yo también. Y que por siempre sería yo su ángel de la guarda y un amigo para toda la eternidad.

FIN

De Jaime David Guardado López