Cuenta una leyenda, que en la Selva había nacido el hijo del León, Rey de la selva.

Todos los animales, que hay vivían, estaban muy contentos, en especial el León y su esposa Leona.

Durante 4 días y cuatro noches, estuvieron celebrando con música, baile y comida, el gran acontecimiento.

A pesar de la alegría, los animales comenzaron a sentirse cansados y decidieron irse a dormir para recuperar las fuerzas perdidas.

La Selva estaba en silencio. Todos los animales dormían, pero la tranquilidad se vio interrumpida por el llanto del recién nacido

¡ÑAAaaaa! Lloraba el leoncito.
¡ÑAAoooo! Gritaba con fuerza.
¡ÑAAuuuu! Se oía más fuerte.

Pasaron los días y las noches y el leoncito no dejaba de gritar.

El Rey León y la Señora Leona comenzaron a preocuparse, pues su querido hijo no dormía ni dejaba dormir a ningún animal de la selva.

Cansado de tanto sueño, el León, decidió llamar a Don Búho, sabio consejero de la Selva.

¡Don Búho! Te he mandado a llamar para que me ayudes a

buscar una solución para mi hijo el leoncito. Han pasado varias

semanas y sigue sin poder dormir. Los animales comienzan a

quejarse del cansancio y las grandes ojeras en sus ojos. El

trabajo en la Selva se ha detenido ya que nadie quiere trabajar

de tanto bostezo.Leona y yo hemos intentado todo para que

leoncito duerma, pero nada parece funcionar.Temo por la salud de

mi hijo y la falta de sueño en los animales de mi Selva.

Le dijo el León a Don Búho.

¿Crees poder ayudarme? Le preguntó con impaciencia.

¡Mi querido Rey de la Selva!… espero poder usar toda

mi sabiduría para conseguir liberar a tu hijo de la falta de

sueño y obsequiarte a ti y a los animales de esta Selva, el

dulce sueño que tanta falta les hace, pero para ello, requiero

ser nombrado guardián de la noche y necesito, me concedas, un

titulo de honor para el animal que sea capaz de hacer

dormir a tu hijo. Dijo don Búho.

¡Concedido! Respondió con autoridad el Rey de la Selva y se marcho.

Dicho esto, Don Búho partió al centro de la Selva, donde reinaba el caos y el desorden. Allí estaban reunidos todos los cansados animales de la Selva.
El pájaro no podía volar en búsqueda de su comida. La rana no podía saltar al agua, para darse un baño. El elefante casi, pisa a la culebra con sus grandes patas. La culebra no tenía fuerzas para arrastrarse y sacar su lenguita. El ratón estaba patas arriba, mientras el mono trataba de alcanzar las orejas de la jirafa y el hipopótamo jugaba con el oso a las escondidillas.

Don Búho los observaba y meditaba en cual de todos aquellos animales podría ayudarle a solucionar el problema del leoncito. Estaba claro, que ninguno podría en esas condiciones.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el fatigoso llanto del leoncito.

¡ÑAAaaaa! Lloraba el leoncito.
¡ÑAAoooo! Gritaba con fuerza.
¡ÑAAuuuu! Se oía más fuerte.

Todos los animales se taparon las orejas… y los que no tenían, escondieron la cabeza para no escuchar aquel llanto.

¡Basta! Dijo el tigre… ¡Me voy a volver loco!

¡Esto es horrible! Gritaba el puerco.

¡Es insoportable! Exclamaba el oso.

Y detrás de todos aquellos gritos y lamentaciones, Don Búho, alcanzo a escuchar el suave sonido de un cri, cri.

¡Silencio! Exclamó Don Búho, con severidad.

Al callarse los animales, Don Búho pudo apreciar mejor de donde provenía la melodía del cri, cri.

¿Quién canta? Preguntó Don Búho.

¿Cantar?… Aquí sólo se escuchan los chillidos de un leoncito malcriado. Dijo el zorro… y todos los animales comenzaron a reírse.

¡Silencio! Volvió a exclamar Don Búho.

Cri, cri… cri, cri… cri, cri. Se escuchaba

¿Quién eres? Preguntó Don Búho en voz alta.

Soy Grillete. Se escuchó a lo lejos.

Acércate… Grillete…me gustaría verte Le dijo Don Búho.

Los animales no alcanzaban a escuchar nada que no fuera la voz de Don Búho.

¡Ya vieron!… Don Búho esta hablando solo… ¡ya se volvió loco del cansancio! Dijo irónicamente el murciélago… y volvieron a reírse todos los animales.

Don Búho ignoró el comentario y se concentro en el sonido del cri, cri.

cri, cri… cri,cri… cri, cri Se escuchaba.

¡Grillete!… ¿Dónde estas? Preguntó Don Búho.

Aquí, junto a usted Respondió Grillete.

¿Crees poder cantar más fuerte? Insistió Don Búho.

¡ No lo sé!…Puedo intentarlo Dijo Grillete.

Cri, cri… cri,cri…cri, cri Se escuchó

El sonido era leve y fue aumentando con suavidad. Era una melodía dulce y agradable para los oídos de Don Búho.

Cri, cri… cri, cri… cri, cri Seguía cantando Grillete.

Poco a poco se fueron calmando las risas y los gritos de los animales. El ambiente se inundo de calma. Todo se volvió suavidad y armonía.

Cri, cri… cri,cri… cri, cri Escucharon todos los animales y comenzaron a relajarse. Uno a uno se fueron quedando dormidos.

A lo lejos, se oía el llanto del leoncito y pesar de esto, ningún animal se despertó.

¡Eso fue sorprendente! Lograste dormir a los animales con tu canto… ¡Tu eres el animal indicado para ayudarme a dormir al hijo del León! Le dijo emocionado Don Búho a Grillete.

¡Ni tanto!… de serlo… ¿Por qué tu no te has dormido? Le preguntó con curiosidad.

Porque yo decidí ser el guardián de la noche. Mientras los animales están dormidos yo me mantengo despierto para poder cuidarlos y velarles el sueño. Le explicó Don Búho.

¡Ha!…y ¿Por qué dices que yo soy el indicado? Insistió Grillete.

¡Ven conmigo y te mostraré! Le indicó Don Búho.

Ambos se encaminaron a casa del Rey León y allí, Grillete, comenzó a cantar por instrucción de Don Búho.

¡Hazlo fuerte!… ¡Lo más fuerte que puedas! Le dijo.

Y Grillete comenzó a cantar… Cri, cri… cri, cri… cri,cri

El sueño se fue apoderando del Rey León, de su esposa Leona y mágicamente también del leoncito, quien se acurrucó en sus cuatro patitas y se quedo dormido.

Esa noche fue la más tranquila y dulce de todas las noches de la selva.

Los animales dormían plácidamente mientas el bueno de Don Búho vigilaba y Grillete cantaba, con amor, su cri, cri.

A Grillete se le otorgó el tit
ulo de SEÑOR Y DE LA NOCHE en honor a su bello cri,cri, que fue considerado como la canción de cuna para todos los animales de la Selva.

Desde ese día, Grillete, se esforzó por cantar cada vez más fuerte y poder así, ser escuchado por todos los animales del planeta.

Es por ello, que en las noches silenciosas y tranquilas de la gran ciudad, a veces, podemos escuchar el dulce cri, cri de nuestro amigo Grillete.

Cri, cri… cri, cri… cri, cri.

De Amarilis Irigoyen.