Cuento de una viuda y el diablo

CUENTAN QUE UNA VEZ, EL DIABLO SE enamoró de una viuda. Llegaba a su casa y le platicaba. A la señora no le gustaba y además, tenía miedo de que se enojara. Tanto y tanto le ofrecía el diablo que por fin la señora dijo:

—Bueno, seré tu mujer si me construyes una casa bonita.

El diablo se la hizo. La viuda fue a buscar al cura para que le echara agua bendita; así, el pobre diablo no podría entrar a la casa que él mismo había hecho.

El cura le advirtió:

—Si no encuentras el modo de acabar con él, él acabará contigo.

La mujer pensó bien el asunto y esto hizo: busco dos montones de botellas, uno blanco y otro oscuro. Se sentó en la enramada, era la hora en que acostumbraba llegar el diablo. La encontró muy atareada.

—¿Qué haces?

—Aquí, lavando botellas. ¿No me ayudas?

—Sí.

—Lava ese montón de botellas —le dijo señalando las oscuras—, hasta que queden limpias, como ésas —y señaló el otro montón.

—¿Y cómo crees que voy a hacer claro lo oscuro? No se puede.

—Claro que sí, mira ya todas las que llevo.

—¿Y cómo le hiciste?

—Ah, es que se tienen que lavar por dentro. Si eres poderoso, ¿por qué no te metes?

El diablo entró en la botella y la mujer luego la tapó. Ya que tuvo encerrado al diablo, fue al monte y, con todo y botella, lo enterró.

Y por eso dicen que sólo las mujeres son más listas que el diablo.

Fin.

Recopilación de Elisa Ramírez y Ma. Ángela Rodríguez.

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