Érase una vez,  un gatito que se llamaba Mizifus y una gatita que se llamaba Yrauha.  Tenían los dos amos que se odiaban hasta casi matarse y no les dejaban amarse, y entonces pues se veían de noche.

El Gigante Silbán era famoso en la comarca por sus constantes robos de ganado. Nadie podía trepar a su guarida, situada a gran altura en una pared vertical de roca caliza. Tan sólo su agilidad, y sus enormes piernas, le permitían subir rápidamente utilizando unas estacas de madera clavadas a modo de escalas, pero tan [...]