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Cuento del viaje a la isla mágica

En un océano muy lejano hay una isla muy pequeñita la cual no ha visto barco alguno. Cuentan que allí viven unos seres diminutos que tienen alas. También dicen que la isla es mágica, allí las flores y los árboles le hablan a uno, el río canta con mucho talento, y hasta la luna se ríe a carcajadas cuando los simpáticos habitantes cuentan chistes.

Cada día nuestros simpáticos amiguitos celebran un sorteo. Un gran cofre contiene el nombre de todos los niños del mundo. Uno de ellos será el elegido para pasar unas horas en la isla. Sólo hay dos condiciones, el niño deberá estar dormido en el momento de ir a buscarlo y además tendrá que haber sido muy bueno durante el día.

El protagonista de nuestra historia dormía profundamente cuando un grupo de seres alados entraron en su dormitorio y se lo llevaron volando por encima de los tejados. Al llegar a la isla el niño despertó en medio de una gran fiesta celebrada en su honor. Dulces frutas que no conocía, pasteles adornados con flores y zumos suaves eran expuestos encima de una gran mesa esperando a ser comidos.

Después del banquete el niño fue llevado de excursión por toda la isla teniendo la oportunidad de escuchar el canto del río mágico. También visitó un campo de gigantes flores silvestres que tenían cosquillas y se reían cuando las tocaban. Se lo pasó tan bien nuestro amigo que cuando llegó la hora de irse quiso saber si podría volver otro día.

«Tú sólo tienes que portarte bien y quien sabe, es cuestión de suerte” le respondieron.

Al despertar el niño al día siguiente vio la cara sonriente de su mamá.

«¿Qué tal has dormido, cariño?»

«muy bien mamá, he tenido un sueño tan hermoso».

El hijo relató lo que él creía que era un sueño a su madre. Ella le asía las manos mientras hablaba y de repente le dijo «hum, hueles a flores silvestres». Sólo entonces el niño dudó que hubiera sido un sueño.
Fin.
De Nuria Roch Royo.