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Etiqueta: infantil

Cuento de Mariana, Marina y Maruana, las tres brujas hermanas
En la familia Skiroletta todos sabían que las hermanas Mariana, Marina y Maruana eran las brujas más despistadas de la región.

Por eso el día que decidieron presentarse en el concurso de BRUJA MALOSA, todos se rieron e hicieron chistes sobre ellas; pero lejos de avergonzarse las tres hermanas se prepararon para la competencia de hechizos y otras yerbas con más ganas que nunca.

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Cuento del alazán

Érase una vez un bello alazán que vivía en el campo junto a su hermosa Nala, ella corría por el campo juguetonamente solo por ver la felicidad de su gran amor.

Un día vinieron unos hombres y la alejaron de su  amado, pensó que moría si no lo veía otra vez, pero tuvo que resignarse y pasaba los días muy triste debajo de un árbol… pasaron 2,3,4,5 años y nada.

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Cuento del nacimiento del cocodrilo
En medio de la selva estaba tirado en tronco de cocotero. Hacía carios días que el huracán lo había tirado y así permanecía, temeroso de que vinieran los hombres con sus hachas a hacerlo pedacitos.

Una mañana calurosa se oyeron pisadas sobre la hojarasca. El tronco tembló de miedo, y tan grande fue su temblor que empezó a rodas hasta llegar a un pantano que estaba cerca. y pensó: «¡Qué bueno! Aquí puedo esconderme sin que los hombres me descubran».

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Cuento de Don Guindín el parlanchín
Érase una vez un coche pequeñito al que llamaban Don Guindín. Su nombre le venía de que era de color rojo como las guindillas, pero como no era picante no se podía llamar Don Guindón. Es, por este motivo, por lo que se llamaba Don Guindín.

Don Guindín tenía dos inquilinos de forma permanente, la gatita Esmeralda y SuperRata. Ambas eran dos muñecos de trapo. SuperRata con su gorrilla amarilla tenía pinta de golfilla, Esmeralda con su pantaloncito de peto naranja y su camisa de rayas azules parecía una damisela.

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cuento del delfín que perdió a su mamá
Un día estaba el delfincito nadando un poco triste por la superficie del mar, había perdido a su mamá, estaba buscándola por todos lados sin poderla encontrar. Por su lado pasó un pez muy largo, serio y con cara de buenazo, al verlo tan triste le preguntó qué le ocurría. El delfincito bebé le contó su pena y el pez Sabio le dijo que debía ir a buscar dónde terminaba el arco iris, que allí donde los colores se derritieran encontraría a su mamá.

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Cuento del diente sucio
Érase una vez la boca de un niño tan, pero tan bonita, que los que allí vivían estaban felices de pertenecer a ella, pero eso incluía a: los labios, la lengua y los dientes, pero sobre todo los dientes eran los más orgullosos. Todos los dientes estaban tan, pero tan limpios, que unos podían verse en los otros y peleaban por ser el diente que reflejara mejor la luz.

Pero había un diente que era diferente a los demás, estaba muy, pero muy sucio, estaba tan atrás, que el cepillo no lo alcanzaba y aunque cada vez que el cepillo pasaba cerca, él se estiraba hacia adelante para tratar que lo limpiaran, no lo conseguía y por este motivo estaba muy, pero muy triste.

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El dios de la pobreza y el dios de la fortura
Hace mucho, mucho tiempo, en un pequeño pueblo vivía un hombre muy trabajador. Este a pesar de trabajar tanto vivía en la miseria ya que el dios de la pobreza habitaba también la misma casa.

Un día decidió dejar de trabajar, cansado de ver que su situación no mejoraba en nada.

Todo el pueblo al ver que este hombre había perdido las esperanzas en una mejora de su situación decidieron presentarle una mujer que lo acompañe y para la cual continúe luchando por la vida, con quien se casó.

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El duende Bernardo y la Isla de Cristal

Érase una vez un duende verde, llamado Bernardo, a quien le gustaba jugar mucho y que por mascotas tenía dos perros y un gato. Pero con quien mas le gustaba jugar era con uno de los perros: Pinky. Le encantaba ir con él a todas partes, incluso de viaje. Cuando se iba a Hawai con sus padres se llevaba el perro.

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Cuento del duende de tus sueños
Era una tarde muy bonita, los pájaros cantaban y brillaba en lo alto el sol, era una tarde de invierno pero en Corrientes hacía calor, mi niña dormía tranquila, mientras sus sueños velaba yo; en un momento oportuno por la ventana un rayito de sol entró, dio en su carita y mi niña, asombrada, sus pequeños ojos abrió.

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